El tercio de personas seropositivas que no lo sabe contribuye al 60-70% de las nuevas infecciones.
La amplia información sobre el VIH-sida y las campañas preventivas no han bastado para reducir la tasa de nuevas infecciones, que sigue estabilizada o incluso aumenta por momentos.
Entre los principales motivos se encuentra uno paradójico: el éxito de las terapias antirretrovirales ha extendido la idea de que la enfermedad se ha hecho crónica, lo que ha llevado a mucha gente a bajar la guardia ante los riesgos de transmisión, sobre todo sexual. Y a ello se suma un problema de fondo como el desconocimiento de su situación por una de cada tres personas seropositivas: este tercio no diagnosticado «contribuye al 60-70% de las nuevas infecciones».
La voz de alerta la dieron este viernes los expertos Josep María Gatell, Jonathan Schapiro y William Burman, que insistieron en la necesidad de «hacer todo lo posible para identificarlos y tratarlos». Y más aún, dentro del propio ámbito europeo, en zonas geográficas como los países del Este, donde el porcentaje de seropositivos no diagnosticados se eleva por encima de dos tercios, hasta un inquietante 70%. Un abismo que aleja el sueño de acabar con la epidemia (según modelos matemáticos, podría conseguirse en 2030-2040 si se detectara y tratara al 100% de personas infectadas) y que exige, en palabras del israelí Schapiro, «repensar y echarle imaginación al concepto de la prevención», que debe estar en el centro de cualquier política antisida.
Monoterapia ‘a medida’
Al coincidir en la necesidad de poner el foco en el diagnóstico precoz, Gatell, especialista en VIH del Hospital Clínic de Barcelona, retrató las nuevas infecciones en España con tres grandes perfiles. Un tercio de varones jóvenes homosexuales, colectivo en el que se ha notado cierta relajación preventiva tras haber sido durante años el más concienciado. Otro tercio de personas heterosexuales de más edad, incluida gente que tiene nuevas relaciones tras romper su pareja de años y en la que no habían calado tanto los mensajes de protección. Y un último tercio de personas nacidas fuera de España, menos permeables a las campañas preventivas por razones socioculturales y cuya infección puede haberse producido antes o después de su llegada.
El encuentro de los tres expertos con la prensa se enmarca en el Simposio Sida Sitges 2010, que en esta XV edición se celebra en Castelldefels pero mantiene su nombre original para subrayar su continuidad con el encuentro científico anual que pasa revista a los avances presentados en días anteriores en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas de San Francisco. Un asunto en el candelero es la opción de seguir con una parte de pacientes de VIH una monoterapia o tratamiento con un solo fármaco –más sencillo, barato y con menos efectos adversos–, en vez de la muy eficaz triple terapia habitual desde 1996. Gatell recordó el protagonismo investigador en el tema del equipo del español José Ramón Arribas, y Schapiro señaló que ya hay dos antirretrovirales que se han demostrado válidos. Eso sí, para pacientes concretos seleccionados por su especialista que no hayan tenido fallos terapéuticos, que según Gatell podrían rondar teóricamente el 25-50%.
Tuberculosis multirresistente
La cita científica de San Francisco también ha analizado los avances en tuberculosis, la confección más frecuente en personas seropositivas y cuyo «mayor reto es la multirresistencia o resistencia a los dos fármacos más poderosos y eficaces» frente a esa enfermedad. Así lo subrayó en Barcelona el especialista estadounidense William Burman, que señaló las áreas mundiales de mayor preocupación: los países de la antigua Unión Soviética, países suramericanos como Perú y Ecuador que destacan entre las fuentes de inmigración en España y países del sur africano cuyas elevadas tasas de VIH y de coinfección tuberculosa abocan a «un desastre de salud pública».
Frente a la tuberculosis multirresistente, añadió Burman, la actual terapia es dura, por sus posibles efectos tóxicos, y larga, porque el tratamiento básico de seis meses para la enfermedad sin tales resistencias puede alargarse hasta 18-24 meses. La buena noticia, según el experto de Denver, es que «hay más fármacos que nunca» en camino, con «cinco en ensayos clínicos» que, a su juicio, anticipan una nueva etapa terapéutica que puede traducirse «en cinco a diez años en un régimen completamente nuevo que sea menos tóxico y solo requiera 9-12 meses de tratamiento».
Hepatitis C
Otra coinfección destacada es la hepatitis C, que ronda al 40% de pacientes con VIH, aunque varía mucho (20-60%) según zonas geográficas y modos de infección. Lo más inquietante para los expertos es que «condiciona la morbilidad y mortalidad» de las personas seropositivas, hasta el punto de que fallecen más por las enfermedades asociadas que por el sida propiamente dicho. En este apartado, Schapiro destacó un avance conocido en la reunión de San Francisco, la identificación de marcadores genéticos que permiten pronosticar qué pacientes responderán mejor o peor al tratamiento.
Ello puede tener trascendencia clínica, ya que ahora las tasas de respuesta no son muy altas. En el lado positivo, el 40-60% que responde se puede curar, y de ahí la importancia de poder anticipar la capacidad de respuesta para dirigir su terapia de forma más individualizada.
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